Honduras: Crónicas del Golpe – “Quiero la paz en este país”

Franky interviene en un programa de Radio Globo en Tegucigalpa - Foto: I.Molero

Franky interviene en un programa de en Tegucigalpa - Foto: I.Molero

A diferencia de sus amigas y amigos de Tegucigalpa, Franky, de 17 años, se interesa por el transcurso de los acontecimientos políticos en Honduras desde el que derrocó a Manuel . Compatibiliza su primer año de ingeniería en sistemas con su trabajo en Radio Globo, emisora clausurada. El día del cierre de la emisora, el 28 de junio a las 6:30 horas, Franky estaba en la cabina de audio colaborando en la retransmisión de la información.

Aquel día, Franky se despertó con una llamada telefónica: “Ha habido un golpe de estado. ¿Puedes venir a ayudarnos?”. Eran las 6:00 horas de un domingo -28 de junio- día en el que Honduras comenzó a deslizarse por el abismo de la actual crisis política. Se vistió en diez minutos. En quince, ya estaba en Radio Globo, la emisora afín a Manuel Zelaya -presidente derrocado- clausurada por un decreto a las pocas horas de que el gobierno de facto se instalara en el poder.

Franky tiene 17 años y estudia ingeniería de sistemas. Desde hace seis meses, compatibiliza sus estudios con el trabajo de operador de audio en la estación. Ese día adelantó su turno de entrada como le pidieron y fue testigo de la irrupción de los militares en el estudio. “Nos habían avisado de que saliéramos, pero dijimos que no. Queríamos seguir informando sobre lo que estaba pasando. Así que comenzamos a transmitir”, comenta, orgulloso. Sin embargo, esa primera desobediencia de los periodistas; ante los golpetazos de las puertas y las armas, se convirtió en subordinación. Y dejaron de retransmitir.

Frustración
Cuenta el episodio con entereza, sin dejar detalle, pero confiesa su “frustración” por lo que considera un trato discriminatorio por ser el único afrodescendiente entre los siete que se encontraban con él. Un trato que, dicho sea de paso, es concedido en Honduras no sólo por los miembros del Ejército. “Me quitaron el celular. Lo vieron y me golpearon con él en la cabeza”, explica, masajeándose sobre su cabello afeitado. Por si fuera poco, luego lo remataron con un “¡movete, negro, movete!”.

“Me sentí maltratado, estaba muy enojado. Fui el único al que dejaron frente a la pared de pie después de habernos registrado”, apunta, en un hilo de voz. El viaje hacia el Ministerio Público en el camión militar, donde permaneció 30 minutos, no rebajó el fiasco. Más bien lo aumentó. A su regreso a Radio Globo, encontraron la emisora cubierta por una alfombra de papeles registrados y las cámaras de vigilancia al garete.

A diferencia de para el resto de sus amigos y amigas a quienes, según señala, les resbala el devenir de la crisis política del país, a Franki le enorgullece estar al tanto de los acontecimientos. Algo que consigue mediante su participación en Radio Globo: “Me gusta todo lo que pasa aquí día a día, aprender de todos los periodistas. Veo el esfuerzo que hacen y les admiro; para ellos es un riesgo y un esfuerzo seguir informando”.

¿Participación o riesgo?
Sale a colación el tema de la participación de los ciudadanos y ciudadanas hondureños en las manifestaciones de la resistencia que reclaman el regreso de Manuel Zelaya a la presidencia. Él prefiere tomar parte de otra manera, porque “duele mucho cuando la gente muere”. Muertes, todas ellas, de las que son conscientes los familiares de los fallecidos, pero no se sabe si tanto los políticos.

Para Franki, estos finales amargos deben ser tomados como ejemplo para que las madres y padres de familia no acudan a las protestas con los más pequeños por los riesgos que entraña. “Los papás deberían informar de lo que pasa desde dentro de sus casas y no mostrarles directamente desde el exterior lo que pasa afuera”, reseña. En esta afirmación, Franki parece implacable.

Durante los últimos tres meses, las niñas, los niños, las y los jóvenes, las mujeres y los hombres que conforman la sociedad hondureña se han fragmentado en bandos. Grupos “blancos” -como designan a los partidarios del gobierno de facto- o “rojos” -como se llama a los incondicionales de Manuel Zelaya, líder depuesto- que, ahora en este pequeño país centroamericano, simpatizan o no de acuerdo a su posición sobre el golpe de estado del 28 de junio.

Ese día, a Franky le despertaron a las 6:00 a.m para ayudar en la retransmisión de la información. Intuyendo su postura, de la conversación con Franky se entresaca una frase común a todas las charlas mantenidas con hondureñas y hondureños durante estos tres meses: “¡Quiero la paz en este país!”.

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Un comentario al artículo “Crónicas del Golpe – “Quiero la paz en este país””

  1. José Manuel Padilla, kazetaria, periodista dice:

    Hola Ianire…estupendos artículos…Saludos desde España.

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