África: Fronteras y la importancia de tener buenos vecinos

mapa-migraciones-africaEl ataque del pasado día 9 a los futbolistas del equipo Togo que se dirigían a la Copa de África, ha vuelto a poner de actualidad (si bien de forma indirecta) el tema de las fronteras africanas. Muchos se han preguntado por la existencia del pequeño, pero crucial, enclave angoleño entre las fronteras de Congo-Brazzaville y la República Democrática del Congo. Varios comentaristas han señalado que el conflicto en , aunque ignorado casi por completo en los medios de comunicación, tiene importantes consecuencias para la población local: por ejemplo, los graves abusos de los derechos humanos por parte del ejército angoleño, que lleva a cabo una verdadera ocupación militar del territorio para garantizar la extracción de petróleo en Cabinda – de donde procede un tercio de la producción total del país. Y han pedido por tanto que la atención mediática continúe sobre la región cuando se apaguen los focos de los estadios.

El tema de las fronteras de los países africanos es en general un aspecto interesantísimo en la política africana. Es curioso el hecho de que, en los 50 años desde el comienzo de las “independencias africanas”, y a pesar de la conocida artificialidad y el origen colonial de las fronteras africanas, sólo se ha producido un acto de secesión que haya resultado en un país independiente – declarándose independiente de Etiopía en 1993 – además de algunos intentos fallidos: y , por ejemplo. Como hemos señalado con anterioridad, el politólogo Jeffrey Herbst atribuye esta continuidad de las fronteras al hecho de que son las frontera en sí las que constituyen la verdadera naturaleza de los países africanos. Mientras que en Europa durante siglos los estados crecieron desde el centro y entraron en conflicto por la demarcación de sus límites, algo que sólo se podía solucionar mediante la guerra, que a su vez reforzaba la centralización de cada estado (veáse la tesis de Charles Tilly), en África, fue la demarcación de las fronteras por las potencias coloniales, lo que dictó la existencia de un estado moderno, tras lo cual estos procedieron a “gobernar”, mal que bien, los distintos territorios.

Si la tesis de Herbst fuese acertada y la única consideración, creo que hubieramos visto a más insurgencias de países africanos intentando demarcar nuevas fronteras, y dedicarse a gobernar sus nuevos países. Y sin embargo, lo que se ve con mayor frecuencia en África son insurgencias periféricas, a menudo incluso con una identidad regional o étnica, que marchan hacia el centro para hacerse con la capital del país (por ejemplo, la guerrila de Museveni en Uganda, o los rebeldes del R.U.F. en la guerra civil de Sierra Leona). Por eso creo que existen otras dos poderosas razones (además de la distinta concepción del estado señalada por Herbst, y que tiene cierta validez), que son además complementarias, que explican la ausencia de exitosos movimientos secesionistas en África durante estos 50 años.

Primero la decisión de la Organización de la Unidad Africana de no permitir el cambio de la fronteras existentes durante la descolonización, y de reconocer como jefe del Estado a aquel que controlase la capital – una decisión que se explica precisamente porque, dada la artificialidad de las fronteras, los líderes allí reunidos temían perder su poder y encontrarse como “presidentes sin país”. Un resultado de esto – apoyado también por las Naciones Unidas – es el mantenimiento de Somalia como un estado unitario, y el no reconocimiento de y como países, pese a ser territorios donde existe algo parecido a un estado viable. La segunda razón es que, dada la artificialidad y porosidad de muchas de las fronteras del continente, su existencia es en cierto modo, relativamente irrelevante para aquellos que viven en su proximidad. Numerosos grupos étnicos y culturales se extienden a través de fronteras, y antiguas rutas comerciales y de mano de obra atraviesan las fronteras dibujadas a principios del siglo 20. Ejemplos de esto pueden verse en el comercio entre Níger y Nigeria (dominado por comerciantes Hausa que viven en ambos países), o en como los productores de cacahuetes senegaleses, cruzan a Gambia, si el precio ofrecido allí es más alto. O el libro Willing Migrants, que analiza la historia de los movimientos migratorios , y la importancia de estos para la sociedad.

Este último punto, la relativa porosidad de las fronteras africanas, y el hecho de que existen numerosos movimientos de bienes y personas a través de ellas, nos lleva a señalar algo crucial para un país – la importancia de tener buenos vecinos. Y es que es difícil señalar un conflicto en África que sea exclusivamente doméstico. Basta con mirar la relación entre las guerras de Sierra Leona y Liberia, las constantes tensiones entre Etiopía, Somalia y Eritrea (y el apoyo de cada uno de estos países a movimientos insurgentes de los otros países), las campañas de desastibilización llevadas a cabo por los regímenes racistas de Rhodesia y Sudáfrica en Mozambique, Angola y Zambia, o el complejísimo entramado de poderes y alianzas de los .

Además, todos estos conflictos no sólo afectan a un país cuando éste se ve directamente implicado en la guerra, sino que a menudo los países vecinos han de acoger a millares de desplazados y refugiados – como por ejemplo Tanzania, que ha recibido durante las últimas décadas refugiados de Burundi y Rwanda, además de la República Democrática del Congo; o los refugiados en Chad por el conflicto de Darfur. Estos países, a pesar de sus escasos recursos, dan acogida a un gran número de personas, a menudo durante un largo período de tiempo. Algo que debería servir como ejemplo y poner en perspectiva nuestra “solidaridad”, demostrada en momentos puntuales pero que desaparece cuando se trata de convivir diariamente con personas, a menudo inmigrantes, menos favorecidos. Incluso sin llegar a casos tan graves, la importancia de llevarse bien con los vecinos se pone de relevancia cuando aparecen en las noticias referencias a pequeños conflictos fronterizos entre países – por ejemplo, las expulsiones mutuas de ciudadanos entre Angola y Congo.

En fin, que parece difícil tener una casa en perfecto estado, si vivimos en un mal vecindario. Algo que parece obvio, pero que nos debe ayudar a poner en perspectiva la complejidad de conflictos como el de Uganda o Sudán, en los que se ven involucrados numerosos países y territorios. Aunque un barrio complicado, como en la vida real, no dictamina un fracaso seguro – así dos de los países con mayor número de vecinos en África, Tanzania y Zambia (ambos tienen frontera con ocho países , sólo detrás de los nueve de la R.D. Congo) han sido dos de los países más estables durante su historia. Por último, hay que señalar que el decir quién son vecinos implica señalar quién pertenece al país, un tema – el de la ciudadanía – tan interesante como el de las fronteras y del que espero escribir en algún momento.

Fuente: On Africa (Maneno)

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Hay 3 comentarios al artículo “Fronteras y la importancia de tener buenos vecinos”

  1. me parecio muy ridiculo

  2. dopo dice:

    Sin ofender es muy bueno y su informacion

  3. estefanis dice:

    Genial, aquí me ayudo de la tarea de África. Es muy buena su informacion

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